sábado, 5 de noviembre de 2011
miércoles, 19 de octubre de 2011
jueves, 22 de septiembre de 2011
sueños
tumbada en la hierba de ese gran paraje mirando al cielo,
a las nubes que amenazan lluvia y esperando a que
sus primeras gotas acaricien mi cuerpo para purificarlo,
hay tal tristeza en mi, que no se que hacer, es tan dura la batalla
que tengo que soportar, que cada dia que pasa encuentro algo de ti,
todo ha cambiado ya en mi, no soy la misma sin ti,
necesito llorar, necesito un abrazo, una caricia,
unas palabras que me curen estas heridas.
Ya esta oscureciendo, la luna se ve hermosa y su manto estrellado, es tan hermoso cariño que hay quien dice que cuando cae una estrella es que un ángel a recibido sus alas, esas alas que quisiera yo tener para poder
volar hacia ti, mi querida mariposa
colaboración de Reyes Galindo
domingo, 4 de septiembre de 2011
viernes, 26 de agosto de 2011
Vigilias
Alberto Peyrano
En el silencio abacial
la campana envía a maitines,
se va despertando el día
El hombre labra la tierra
intentando apaciguarla,
que retorne poco a poco
a su promesa de Edén.
Los niños juegan y entonan
sus rondas como hace siglos
ignorando que a lo lejos
está tronando el cañón
y los hijos de la tierra
se masacran sin piedad.
Abro la puerta del templo...
Me recibe una caricia
con el canto de los monjes...
Voces profundas y graves
que no han perdido en los siglos
su alabanza natural.
Me sumerjo en la plegaria
como el peregrino hambriento
que aún le falta llegar.
Y encuentro en el mar de voces
reposo para mi alma,
para el corazón, caricias
En el silencio abacial
la campana envía a maitines,
se va despertando el día
allá en la tierra del sur.
Los campos se desperezan,
las aves ensayan coros,
el sol promete su rayo
mientras va pintando el cielo
de un tornasolado vivo
que va impregnando las almas.El hombre labra la tierra
intentando apaciguarla,
que retorne poco a poco
a su promesa de Edén.
Los niños juegan y entonan
sus rondas como hace siglos
ignorando que a lo lejos
está tronando el cañón
y los hijos de la tierra
se masacran sin piedad.
Abro la puerta del templo...
Me recibe una caricia
con el canto de los monjes...
Voces profundas y graves
que no han perdido en los siglos
su alabanza natural.
Me sumerjo en la plegaria
como el peregrino hambriento
que aún le falta llegar.
Y encuentro en el mar de voces
reposo para mi alma,
para el corazón, caricias
y en el sonido del himno
escucho la Voz de Dios.
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